Navidad
La Navidad es el período más feliz del año. Todos sonreímos con facilidad, somos amables, lo único que nos pone de mal humor es el tráfico y no encontrar un taxi vacío, a veces el mar humano que viene y va. Esta fecha es solo una excusa para sacar lo mejor que llevamos dentro, tiempo de unión, de reconciliación, tiempo de dar. Vemos las calles llenas de regalos, anuncios felicitándonos por la Navidad y el año Nuevo, adornos, luces, estrellas, árboles de Navidad, Santa Claus, nacimientos o belenes… Cada uno de los símbolos que tanto ambiente crean y tanto regocijo nos dan tiene un significado muy profundo. Muchos lo desconocen y se quedan sólo en el adorno, sin llegar al significado que hay detrás de él.
San Bonifacio (680-754; obispo y mártir), patrón y evangelizador de Alemania, llegó a la ciudad de Geismar la víspera de la Navidad y cortó de raíz una encina considerada sagrada. En su lugar, al día siguiente, día de Navidad, plantó un pinito verde, y lo señaló como símbolo del nacimiento del Hijo de Dios. A partir de entonces un árbol verde adornado con objetos brillantes alumbra las casas, símbolo de la vida eterna que Cristo nos trajo al mundo, la perpetua primavera de la gracia. Del norte de Europa la tradición se extendió a los Estados Unidos y de ahí, al mundo entero.
¿Qué significa cada adorno? Todo fue cambiando
con el paso de los años y aquellas manzanas y velas del comienzo, hoy se
convirtieron en las tradicionales esferas y las guirnaldas con luces de
colores. Esto es lo que no puede faltar en tu árbol.
Las esferas. Representan los
Dones que Dios les da a los hombres. Las de color azul simbolizan el
arrepentimiento; las rojas, las peticiones; las doradas, alabanzas; y las
plateadas, agradecimiento.
La estrella. Es habitual ponerla
en la punta. Ésta representa la fe que guía nuestra vida.
Cintas y moños. Simbolizan la unión
familiar y la presencia de nuestras personas queridas alrededor de todos estos
dones.
Angelitos. Son los mensajeros
entre nosotros y el cielo y son los encargados de protegernos, por eso no
pueden faltar en tu árbol.
Las luces. No importa el color
o si se prenden y se apagan. Ellas tienen un sentido, y es el de iluminar
nuestro camino en la fe.
El
famoso Santa Claus. Es en su origen san Nicolás de Mira. Vivió en
el siglo IV en Mira (la actual Turquía). Existen numerosas leyendas sobre su
persona y la fama de su nobleza y generosidad. Por ejemplo, cuando era joven,
arrojó por la chimenea una cuantiosa suma de dinero a un padre que no podía
casar a sus hijas porque no tenía dinero para la dote. Los holandeses
levantaron muchos altares en su honor y se cree que fueron colonizadores
neerlandeses los que llevaron la devoción del santo a los Estados Unidos donde
se difundió la fama de Santa Claus (este nombre es la deformación del original
San Nikolaus).La gran generosidad de la que hizo gala toda su vida le valió ser el simpático personaje que regala juguetes a los niños. Al inicio se le representaba con traje de obispo, como era en la realidad. La imaginación popular y la mercadotecnia han añadido el rubicundo anciano de barba larga y blanca, con un costal lleno de regalos a la espalda, la tronante y alegre risa, y el trineo volátil tirado por renos.
Significado religioso de los Nacimientos (en América Latina) o Belenes (en España).
San Francisco de Asís fue el que instituyó esta costumbre. En la víspera de Navidad del 1223, movido por el deseo de revivir el nacimiento del Señor en el establo, montó el primer Nacimiento del que se tenga noticia en una cueva del bosque de Greccio (aldea italiana en la región toscana) con personas y animales reales.
El hecho obtiene simpatía entre la gente. La costumbre de representar la cueva de Belén en el período navideño se extiende por toda Europa y América. Esta tradición adquiere fuerza sobre todo en los países de cultura latina. En algunas partes hay concursos de belenes, donde se hacen verdaderas obras de arte.
Navidad,
el 25 de diciembre. Tiene un origen peculiar. En la Roma pagana,
anterior al Cristianismo, se celebraba la fiesta del nacimiento del sol invicto:natalis solis invicti en latín. Esta fecha era celebrada
también por los celtas, germanos y otros pueblos antiguos. La fiesta tenía un
significado religioso. El 25 de diciembre coincide con el solsticio de
invierno, el momento en el que el sol alumbra menos, pero empieza a su vez la
prolongación de su imperio.
El astro de la luz había descendido en ese momento a su punto más débil, lo cual infundía al hombre primitivo terror de que las tinieblas pudieran apagarlo. Sin embargo, a partir del solsticio, el sol volvía a crecer en luz y calor, invicto e invencible.
El Cristianismo, que respeta lo que de positivo hay en las culturas, tomó el aspecto positivo de la fiesta. Jesús mismo se definió la “Luz del mundo”. Además, la misma posición del sol ayudó a cristianizar la celebración. Los paganos veían el oriente como el origen de la luz y de la vida, lux ex oriente, decían los latinos.
El nombre
de la celebración, Navidad. Es la deformación castellana del latín nativitas, que
propiamente significa nacimiento, nacimiento del Salvador. Hemos visto cómo
muchas de las tradiciones han venido de ambiente pagano y se han cristianizado,
pero el proceso que se verifica ahora es justo el contrario: tradiciones
cristianas que se paganizan. El sentido de la Navidad ha desaparecido frente a
las grandes ofertas navideñas. La gente prepara con semanas de antelación sus
vacaciones navideñas, pero pocos saben lo que se celebra.
No es malo disfrutar de un buen descanso durante este período, que se goce de una buena cena, de unos buenos regalos y de la compañía de los seres queridos. No nos dejemos arrastrar por el consumismo, recordemos donde y como nació Jesus. Aprovechemos este tiempo para disfrutar en familia, no solo esperemos este tiempo para ser mejor, el año tiene 365 días y nosotros con el tenemos 365 oportunidades para mejorar y sacar lo bueno que hay en ti.





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